La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

domingo, 13 de julio de 2008

El fraude de las patatas Pringles


Ya era conocido por los médicos que tenemos interés en el tema de la obesidad, que un paquete de patatas Pringle, uno de los más consumidos en el mundo, contenía casi 500 calorías. Siendo ésto ya una aberración desde el punto de vista nutricional , lo es mucho más cuando conocemos que el contenido de patata en el mencionado paquete alcanza sólo el 42%. Y ésto no lo digo yo, que soy un ferviente enemigo de estas bazofias alimenticias, sino ..........la propia compañía que las produce y pone a la venta, es decir la multinacional Procter & Gamble. Pero no penseis que la mencionada compañía lo ha hecho en un alarde de honestidad y de servicio a la salud comunitaria, sino que lo ha revelado para salir indemne de una batalla judicial con el fisco británico,que le reclamaba tributar al 17,5 % de IVA, por tratarse de un producto de patatas fritas como el resto de sus homólogos en el mercado.......Y ¡ha ganado la batalla!, al concluir el juez que las mencionadas Pringles contienen menos de un 50% de patata, tal y como argumenta la propia empresa fabricante , que ofrece un abanico de 45 sabores diferentes y sus ingredientes incluyen: harina de patata, harina de maíz, almidon de trigo, harina de arroz, grasas, emulsionantes y sal , entre otros( recordad, 500 calorias por paquete) . La sentencia ahorrará millones de euros a Procter & Gamble en impuestos. ¿ Cuanta gente seguirá comiendo este "simulacro", sucedáneo de un tubérculo tan ligado a nuestra alimentación? . Y lo que es peor, ¿cuanto fraude similar se pone a la venta cada día en los estantes de los supermercados? ¿Debería hacer algo la Administración sanitaria?

martes, 8 de julio de 2008

Arbitrariedades

Me cuentan que en una reunión de responsables de unidades docentes se anunciaron algunos cambios en la próxima convocatoria MIR que me parecen relevantes.

Lo más importante es que, al parecer a partir de la próxima convocatoria, se va a exigir renunciar previamente a la plaza de la especialidad que se está cursando en el momento de la inscripción para hacer el examen, de tal manera que el que quiera cambiar de especialidad tendrá que asumir el riesgo de perder la que tiene y el de estar varios meses sin trabajar (y sin cobrar). Por lo visto hay gente preocupada porque está habiendo muchos cambios y hay servicios que se quejan, y también porque la gente huye de ciertas especialidades y las abandona si puede.

Esto me parece una barbaridad. Primero porque es un agravio comparativo tremendo con otras generaciones de médicos que sí pudieron cambiar o trasladarse de hospital con más facilidad (quizá esto lo hicieron algunos de los que han decicido esta medida). Segundo porque supone cerrar la puerta a compañeros que ya lo han tenido muy dificil desde la selectividad, para que busquen la especialidad que más les atraiga o en la que se sientan más cómodos o en la ciudad que más les guste o en la que han conocido a la persona que les gusta. Muchas veces no es fácil conseguir esto a la primera, ni siquiera a la segunda. Y es razonable que pueda conseguirse estudiando y presentándose al año siguiente o cuando se quiera mientras se cursa otra especialidad alternativa. No se hace daño a nadie, es enriquecedor desde el punto de vista profesional y el trastorno para los servicios es un problema menor.

También, al parecer, se va pedir una nota mínima para aprobar y tener plaza de residente. Esto, en un primer momento, puede parecer razonable. Puede parecer injusto que ahora sea tan fácil hacer una especialidad cuando antes estaba tan dificil. Pero si se piensa bien también es irracional. Sobre todo porque faltan médicos en este país y, con título o no, esos médicos con notas bajas van a ser contratados sin formar y van a atender pacientes. Creo que si hay plazas, aunque hayan hecho un mal examen, hay que dejarlos que aprendan y formarlos bien, en eso es en lo que habría que esmerarse. Eso es bueno para la sociedad, para ellos y para el prestigio de todos. A todos debía interesarnos mejorar la formación de los que en principio lo puedan estar menos , sobre todo cuando hay recursos para hacerlo.

Nuestra profesión en este pais se está convirtiendo en una carrera de obstáculos larga, arbitraria y antipática, que acaba con el mejor de los entusiasmos. Uno no sabe quien decide ciertas medidas, no lee ningún razonamiento para justificarlas, no puede intervenir en ningún caso en el debate con argumentos. Solo las sufre. Y lo peor es que casi nadie se rebela. Estamos resignados.

Sin embargo creo que si estas medidas se van a poner de verdad en marcha habría que rebelarse, utilizar la red u otros medios para intentar revertirlas. Nos va en ello literalmente el futuro y la felicidad de muchas vidas. Creemos una marea que diga que no.

martes, 1 de julio de 2008

Condiciones laborales Ambientales. Por el cambio climático.


Uno de los elementos básicos ,que se citan en todos los manuales de entrevista clínica, para trabajar adecuadamente,es un entorno ambiental favorable .Así por ejemplo si tenemos la vejiga llena y nos aguantamos," a ver si puedo ver otro paciente más antes de ir al baño", es probable que si hemos de auscultar lo hagamos con prisas, a veces cruzando las piernas en X, y con más probabilidad de error. Si el paciente presenta una clínica de dolor abdominal tendamos a banalizar sus sintomas porque la vejiga nos está diciendo que ya no puede más desde hace media hora. Si tenemos sed ó hambre y lo dejamos para el café de las doce, autoengañándonos con la idea de que hoy sí bajaremos, aunque hace ya más de dos meses que el tiempo del café lo empleamos en recortar el tiempo de demora que llevamos en la consulta, ocurrirá algo parecido porque la boca seca y el"gusanillo" del estómago nos están "hablando" desde el lado derecho del cerebro e interfieren cualquier otro pensamiento que pudiéramos tener acerca del paciente que tenemos delante. Y ya sabemos que no podemos pensar en dos cosas a la vez (eso dicen algunas mujeres de nosotros, con razón).

Lo mismo pasa cuando tenemos frío ó calor. Mi centro de salud, se inauguró a bombo y platillo hace sólo un año y medio. Las llamadas autoridades sanitarias dijeron que se habían gastado más de 600 millones de pesetas en que tuviéramos un sitio digno para trabajar, y debo reconocer que así es; ya no estamos en locales con ratas paseando tranquilamente por la sala de espera, podemos ducharnos tras la guardia, tenemos sillones sin chinches y gozamos de espacios más adecuados para desarrollar nuestro trabajo. Pero también hay que decir que alguien debió pensar que se podía ahorrar algo en el sistema de calefacción y refrigeración del centro, y dicho y hecho, lo que hace que en invierno haya que abrir las ventanas para que los pacientes no sufran de hipotensión ó un golpe de calor y que ahora en verano tengamos que recurrir a los viejos ventiladores para poder pasar la consulta y no tengan que recogernos con bayeta al filo de las cuatro de la tarde, cuando nos vamos. Sin embargo en la zona de Urgencias hay que abrigarse porque parece la Antártida, lo mismo que en otras zonas de paso y en el archivo. En fin, una pena, porque no esperábamos que el sistema de calefacción- refrigeración fuera de "chicha y nabo", después de una inversión millonaria, y lo que es peor , que este fallo pueda tener capacidad de influencia en el riesgo de error, que ya es suficientemente elevado en la primaria por mor de la incertidumbre para que aumente por las condiciones ambientales. Acabo de venir de Mercadona, donde se está a una temperatura ideal para trabajar en esta época , y me ha dado sana envidia. Por cierto ,podrían contratar en el Sescam, al que ha diseñado el sistema de aire acondicionado de Mercadona. Aunque como estamos en crisis ( con perdón), con que le pregunten como lo hace bastaría, y nos ahorraríamos un puesto de trabajo, el que ahora usurpa el que diseñó el sistema de refrigeración de mi centro de sauna, digo de salud. En Porzuna, necesitamos un "cambio climático". ¿Y vosotros?

lunes, 30 de junio de 2008

Arbol de decisiones



El joven estudiante quiere ser médico pero las cosas no son tan fáciles. El año pasado en la convocatoria de junio sacó 7,90 en la selectividad, lo que era insuficiente para entrar en cualquier facultad de medicina, si no eras un atleta de élite o habías estudiado el bachillerato fuera de España (en estos casos necesitabas poco más de un 5). Así que se presentó en septiembre y sacó 8,26, nota con la que espera entrar este año en algún sitio. El curso lo ha pasado haciendo primero de Biología con la esperanza de que le convaliden algunas asignaturas de las que ha aprobado, aunque esto tampoco es seguro porque depende de cada facultad e incluso de los profesores concretos de cada asignatura. Cosa curiosa de eso que se llama autonomía universitaria y que más bien parece arbitrariedad.

Así que esta mañana se levanta temprano, se pega una ducha y enseguida se pone delante del ordenador: tiene que hacer las preinscripciones antes de que termine el plazo. Como estamos en un país de la CEE, es decir presuntamente desarrollado, lo lógico es que solo tuviera que dirigirse a una web, rellenar una instancia con los datos pertinentes y luego señalar las facultades donde pide el ingreso. Pero las cosas no son así, ya lo sabe. Tiene que buscar las web de cada facultad de medicina (que tienen diseño distinto), encontrar el cuestionario de preinscripción (que suele estar algo escondido) y rellenarlo en cada caso con datos distintos o puestos en distinto orden. Luego tiene que imprimir las preinscripciones y mandarlas junto con una fotocopia del DNI a la facultad correspondiente. En fin va a tener para un rato, ya sabe que no tiene que ponerse nervioso. Este año estará especialmente atento a las facultades que hacen "llamadas" en días determinados para ir cubriendo las plazas. Resulta que si no se está allí ese día a esa hora aunque tenga nota no será admitido. Así son las cosas para hacer patria (pequeña).

Luego vendrá la espera y por fin el día en que se saben los admitidos. Que nadie piense que hay listas abiertas donde cada uno puede saber donde se encuentra en relación a otros, donde incluso pudieran descubrirse errores o impugnarse. No, todo es más opaco. De nuevo tendrá que ir web a web, meter su DNI en el sitio adecuado y aparecerá una página que dirá: "está admitido" o "no está admitido" hace el número x de la lista de espera. Y en este caso tendrá que esperar a septiembre o a la fecha que cada facultad indique para revisar las listas. Así hasta finales de septiembre porque la gente de la universidad se va de vacaciones en agosto, ya se sabe. No importa que muchos chicos no sepan donde van a estudiar, no sepan donde alquilar un piso o reservar un colegio mayor. Eso son pequeñas molestias que no importan nada.

Así que el chico tras terminar de rellenar las preinscripciones, bien entrada la mañana, pensará en el futuro mientras se bebe una coca cola. ¿Dónde terminará este año que sí espera entrar?, ¿Dónde le gustaría ir?, ¿A Madrid, a Sevilla, a Salamanca a Cádiz, a …?. Pero de pronto se da cuenta de que aunque pudiera entrar en todas ellas no tiene datos para saber cual es la mejor, no sabe dónde aprenderá más, dónde serán mejores los profesores, dónde tendrá compañeros más estimulantes. Y además si va a Madrid dejará de ver a la gente de Sevilla, y también renunciará a la que podría conocer en Barcelona si hubiera ido al final allí. Cada decisión supone el inicio de un camino que se bifurca constantemente y que rápidamente se llena de niebla aunque esa niebla esconda distintas posibilidades de vida quizá muy diferentes. Se da cuenta de que aunque lo tuviera claro solo podría controlar un número limitado de cosas.

Recuerda entonces una película que vio hace un tiempo, Family man*, que comienza con el protagonista despidiéndose de su novia en el aeropuerto porque se va a Londres a hacer un master o algo por el estilo. Puede irse o quedarse y se va a pesar de las súplicas de su novia para que se quede. Unos años después es un ejecutivo de éxito en la city que cree estar viviendo la mejor vida de las posibles. Sin embargo el encuentro con un extraño personaje le permite experimentar cómo hubiera sido la otra vida, la que hubiera vivido con su novia si se hubiera quedado aquel día. Y se da cuenta de que en esa vida también se encuentra a gusto. El amor fati, la sensación de estar viviendo la mejor vida posible no deja de ser una fantasía para limitar la disonancia cognitiva. Siempre podría haber habido otras posibilidades si uno hubiera tomado otros caminos y no necesariamente peores.

Así que el joven aspirante a médico se relaja. Termina la coca cola y decide ir a darse un chapuzón en la piscina. El futuro no está escrito todavía. Y él, por ahora, puede hacer poco más que tomar el sol y procurar no equivocarse con las malditas preinscripciones. Ya tendrá tiempo de preocuparse por las guardias y las vacaciones cuando, como le pasa a su padre, no encuentre sustitutos por ningún lado. ¡Que dura es la vida!



* En "Lo que Sócrates diría a Woody allen", Juan Antonio Rivera, Edhasa, podeís deleitaros con lecciones de filosofía práctica en base a buenas péliculas. Family man es una de ella que sirve para ilustrar la complejidad de la toma de decisiones en un paisaje que siempre es rugoso.

miércoles, 25 de junio de 2008

Certificados



Se dice que el terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755, cambió para siempre la mentalidad europea. Theodor Adorno escribió que "fue suficiente para curar a Voltaire de la
teodicea de Leibniz". A partir de ahí fue difícil sostener que "vivimos en el mejor de los mundos posibles" y se abrió una etapa histórica en la que se buscaron chivos expiatorios para justificar males concretos que ya no podían achacarse a la deidad. El "sea lo que dios quiera" pasó a la historia. Se comenzó a buscar culpables concretos de los males del mundo y a hacerles pagar por ello.

La cultura anglosajona nos está influyendo y cada vez más, todo el mundo busca responsabilidades por los males que le ocurren o por los que están por ocurrir. O buscan quitarse responsabilidades y achacárselas a otros.

Los certificados médicos suelen ser vistos como un trámite burocrático que, sin embargo, tienen o pueden tener una importante implicación legal. La gente nos los pide para todo. Para oposiciones, para hacer gimnasia, para ir a un balneario… Nos lo piden en medio de la consulta con la expectativa de que no vamos a poner ninguna pega y que los vamos a hacer rápido, poniendo lo que ellos nos dicen, lo que necesitan.

Esta mañana un chico vino a que le hiciera dos certificados para presentarse a unas oposiciones a policía municipal de dos pueblos. En esos exámenes hay unas pruebas físicas y los convocantes no quieren tener ninguna responsabilidad sobre lo que pase. Entonces incluyen en las bases de la convocatoria el requerimiento concreto de que el certificado médico tiene que incluir obligatoriamente la frase "puede realizar las pruebas físicas que son requeridas según el boletín del día tal, nº tal".

El colmo, porque ¿qué exploración y pruebas complementarias tengo yo que hacer para responsabilizarme en esos términos?. ¿Las mismas que un futbolista cuando ficha por un gran equipo?. Es decir ¿tengo que hacer analítica, espirometría, prueba de esfuerzo, Holter, ecocardio…? . ¿Entra eso dentro del catálogo de prestaciones del sistema de salud?, ¿hasta donde se sobrecargarían las listas de espera de algunas especialidades si lo pedimos para todos los niños que hacen deporte, para todos los opositores, para cada jubilado que quiera hacer gimnasia?.

Habitualmente no hago pruebas. Admito que es muy infrecuente que ocurra algo. Trato de hacer un favor a un paciente que muchas veces conozco desde hace años y pongo esa frase ambigua de que "según los datos de la historia clínica, la anamnesis y la exploración física parece no padecer enfermedad…". La frase que hemos puesto siempre para salir del paso. Es lo que iba a hacer esta mañana pero el paciente tenía claro que eso no le servía para nada. Y quizá llevara razón porque los burócratas se están volviendo más afinados.

Así hoy yo he decidido plantarme y afrontar la frustración del paciente que quizá no ha comprendido mi postura. Dejar de ser el que asume los riesgos que no quieren asumir otros. Creo que lo único que tengo obligación de hacer es un informe de los problemas de salud (o la falta de ellos) del paciente. Nada más. Tampoco pienso sobrecargar al sistema con pruebas innecesarias. Creo que hay otras prioridades. Si las cosas están así probablemente se tendrán que abrir centros especiales donde se hagan las pruebas pertinentes que piden los burócratas-nuevos ricos del país, que tampoco acabaran totalmente con el riesgo de vivir. Y entonces quizá todo el mundo se de cuenta de que eso es muy caro. Hacer que alguien asuma riesgos tiene que tener un precio. Si no se banaliza. Como se banalizan muchos de los actos médicos que hacemos cada día.
* ver documento OMC sobre Declaración sobre las cualidades del certificado médico y sobre sus diferencias con los partes y los informes médicos. Peculiaridades del certificado médico de defunción. http://www.comsegovia.com/pdf/certificados%20medicos%20pagina%20web.pdf
El Real Decreto 63/1995, de 20 de enero, sobre Ordenación de prestaciones sanitarias del Sistema Nacional de Salud http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rd63-1995.html complementado por el Real Decreto 1030/2006, de 15 de septiembre, por el que se establece la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud y el procedimiento para su actualización. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rd1030-2006.html
El anexo III de dicho decreto establece la cartera de servicios comunes del servicio nacional de salud. La prestación que nos ocupa sería no financiable por la Seguridad Social.

lunes, 23 de junio de 2008

Orbita pegajosa



El joven médico, realmente ya algo maduro, no podía quejarse dadas las circunstancias: no estaba mal situado. Había conseguido sacar las últimas oposiciones y ya tenía una plaza fija en un pequeño pueblo que, aunque distaba casi ochenta kilómetros de la capital donde vivía, era relativamente tranquilo, lo que en estos tiempos de consultas colapsadas era sin duda un privilegio. Eso le decía todo el mundo, su mujer, su amigo que trabajaba en Madrid y que decía consumirse entre atascos y emigrantes, su padre un enfermero que terminó harto del hospital. ¡Tú sí que tienes suerte chaval!, ¡lo tuyo sí que es vida, calidad de vida!.


Calidad de vida, se lo repetía cada mañana cuando se despertaba con una leve y persistente angustia que no se iba del todo con el agua de la ducha, que cada vez demoraba más antes de coger el coche y deslizarse por la carretera, tan vacía a partir de un punto, como si se internara solo en un territorio ignoto, frío a pesar del sol que iluminaba las viñas en verano, amenazante en las nieblas de enero.


No tienes nada de qué quejarte, te va mejor que a la mayoría de la gente, sigues estudiando, muchos pacientes te aprecian, el consultorio es nuevo, la enfermera es estupenda, te regalan huevos frescos de vez en cuando. Cada vez se lo repetía con más frecuencia: cuando subía las cuestas de las calles blancas con viejos de ojos transparentes en las puertas, ya sin nada que hacer a las diez de la mañana con el tiempo que les quedaba de vida; cuando aparecía por la consulta, día tras día, la misma gente herida de soledad y pérdidas a las que hacía recetas y recetas que le exigían con pertinacia, con desapego, con cariño, con hostilidad.


Quizá se estaba quemando, no le ocurría esto al principio cuando hasta se preocupaba porque venía poca gente a la consulta y tenía tanta ilusión, tanta energía que se imaginaba así toda la vida y se sentía feliz. ¿Toda la vida?, ¿hasta cuando el rio de la carretera internándose en el corazón de la niebla?.


Algunos días pensaba que quizá fuera bueno intentar un cambio, pero no había traslados a la vista y no era seguro que tuviera posibilidades de ir a un sitio mejor, y no podía perder una plaza fija. Un amigo le hablo de que lo podían contratar en la puerta de un hospital cerca del mar, cerca de teatros, de ser el cirujano que siempre quiso ser, de librerías, de gente chispeante con la que hablar hasta la madrugada, cerca de motivos para escribir una novela. Pero ¿dónde ir ahora que nos hemos comprado el piso y el niño acaba de nacer?, ¿donde ir ahora que ya los chicos están en la universidad y necesitan tanto dinero?, ¿donde ir ahora que ya solo me faltan cinco años para jubilarme y casi estoy recogiendo los trastos?, ¿Dónde ir con lo bien que hemos vivido?.

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La vida es un paisaje rugoso, con montañas y valles que vamos recorriendo sin cesar a través del tiempo. Nunca nos paramos pero a veces al llegar a una cumbre vislumbramos otra parte del paisaje, quizá muy lejana, que nos resulta apetecible. Pero habría que volver a bajar, desandar el camino recorrido durante muchos años y buscar ese lugar que quizá solo sea apetecible en la distancia. Si hemos pasado mucho tiempo moviéndonos en un determinado lugar, si hemos invertido mucha energía en construir una determinada manera de vivir, tenemos el riesgo de caer en una órbita pegajosa, nos puede costar mucho esfuerzo salir de allí aunque ya no estemos a gusto. Y además, ya se sabe, la niebla puede aparecer y borrar los contornos y hacernos olvidar lo que realmente queremos. Entonces habría que echar mano del apetito faústico pero de eso hablaré otro día.

sábado, 21 de junio de 2008

"El pescaílla".

Las mentes grandes hablan de ideas,
Las mentes normales hablan de cosas,
Las mentes pequeñas hablan de personas.
Eleanor Rooosevelt.

Quiero yo en esta aportación al blog hablar de una persona que nos enseña una idea, ustedes juzguen.
Un compañero y amigo del centro de salud, con quién compartía un matrimonio de pacientes mayores ( la esposa era de mi cupo y el marido del suyo ) que no estaban bien “avenidos” en los últimos años a pesar de que mantenían casa, hijos e ilusiones ( esto sólo lo supongo ), me contó, recientemente, una anécdota del susodicho paciente-marido ( al que habíamos puesto de mote, amigablemente, “ el pescaílla” por su grácil manera de portar trajes y corbatas de colores chillones así como un sombrero cordobés que retiraba cortésmente y con garbo taurino al saludar ). “El pescaílla” era un paciente que rondaba los 90 años, hombre trabajador sencillo pero que había conseguido cierto capital y patrimonio, con esfuerzo y salero, pues era hombre de riesgo y suerte, tal vez por su manera singular de afrontar la vida, tal como ahora describiré. En los últimos 10 años de su vida había acumulado enfermedades crónicas propias de su edad, ninguna grave, y toleraba la toma continuada de medicamentos correctamente y con buena adherencia, aceptando tal condición con la mayor sencillez y simpleza; así como, también, las diversas disputas familiares que le obsesionaban discretamente con la idea obstinada de que los hijos y esposa querían arrebatarle el patrimonio que duramente había conseguido. Complementaba sus días con la toma de hipotensores, analgésicos, medicación para la próstata y sintrom ( el medicamento que más le agobiaba por la esclavitud a la que le sometían los controles ).
Un día cualquiera, sin que hubiera acontecido ningún avatar o traspiés médico en su salud, se colocó frente a mi amigo ( su médico ) en la consulta y le dijo: “Doctor, hoy es mi cumpleaños, cumplo 90 años; es la edad a la que siempre soñé llegar y ya he llegado, bien de salud y cuerdo. No quiero vivir más. He cumplido con mi vida. Sólo quería decirle que ya no vendré por ningún medicamento, los dejaré todos, no tomaré nunca nada más y que sea la naturaleza la que diga cuándo he de morirme”.
Me cuenta mi amigo y compañero, que en los siguientes meses no supo nada de él hasta que hace unos días alguien le informó que había fallecido en una residencia de ancianos de un pueblo cercano.
Quedé anonadado con esta historia. No es lo habitual. Nuestros ancianos se aferran ansiosamente al medicamento salvador, sin aceptar la condición de mortales, de lo inevitable, falleciendo en muchas ocasiones mientras piden desgarradoramente, infantilmente la última píldora. No sabemos si pudo cumplir su deseo, o si, al final, entró ( o le metieron ) en la rueda de la vida hastiada y convencional, ingiriendo cada 6 horas aquéllos medicamentos que tanto ansiaba abandonar. Quiero pensar que no. Toda una lección. Descanse en paz “ el pescaílla”.