Cuenta la historia que una vez se introduce una imagen en tú mente de forma voluntaria y consciente... nadie excepto tú puedes acrecentarla.. aunque no lo sepas.
No deberiamos dejarnos llevar por ilusiones ópticas y palabras vacías que nos hacen perder de vista la realidad de nuestro día a día y portanto la posibilidad de encontrar soluciones:
La Utopía
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
domingo, 17 de mayo de 2009
Médico de Familia. ¿Como hacer juegos malabares?
Muchos días ,los médicos de familia, en el contexto del Sistema de Salud Español , hacemos como esta artista: juegos malabares .Asumiendo múltiples riesgos y gran incertidumbre, con escasa tecnología, y sin que mucha gente responsable del funcionamiento de este tinglado se dé cuenta del gran trabajo que realizamos . Escuchando a muchos políticos se te quitan las esperanzas de que esto cambie algún día (hoy me ha pasado escuchando al Consejero del Sescam). Pero luego, en la consulta, sin perder la sonrisa, somos capaces de hacer muchas cosas bién y solucionar problemas bastante complejos a nuestros pacientes , y lamentamos que nuestros Consejeros prediquen una cosa y hagan la contraria sin apreciar que como ya es conocido "hay vida inteligente fuera de los hospitales" que está haciendo malabares para que ,a pesar de todo, las personas se sientan cuidadas y atendidas por auténticos profesionales que seguirán velando para que las cosas salgan lo mejor posible, como la artista del vídeo que os muestro:
Firmas Solidarias con nuestra compañera asesinada

Nuestro apreciadísimo Dr. Bonis y el Dr. Ortega Marlasca han creado esta página de firmas , para que entre todos, (ya lo están haciendo otros blogs de primaria,y nosotros también) intentemos que a la Dra Mª Eugenia Moreno Martínez, asesinada el pasado 11 de Marzo por un energúmeno en Murcia en su puesto de trabajo como R4 de Medicina de Familia, se le conceda el Título de Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria de forma póstuma . Al parecer hay algún capullito que no lo quiere conceder porque le faltaban 3 meses. Si no somos capaces de conseguir ésto para su familia ó al menos no lo intentamos con todas nuestros recursos es que no tenemos solución. Colabora
jueves, 14 de mayo de 2009
Caso Clínico 6
Paciente de 80 años asintomático con antecedentes de HTA controlada con combinación IECA +diurético, en el que se pide placa de tórax para preoperatorio de cataratas. Se muestran la placas ¿Cual es el dg? ¿tratamiento?
La respuesta ,el domingo dia 17
miércoles, 13 de mayo de 2009
Atención Primaria. Especialidad Médico-Quirúrgica?

La Medicina de Familia es una especialidad que abarca conocimientos de prácticamente todos los ámbitos de la medicina: Neurología, Cardiología, Oftalmología, Ginecología, Obstetricia, Reumatología, Neumología, Alergología,Digestivo,Endocinología, Urología, Urgencias.........y además con un enfoque biopsicocial que le da matices únicos en el abordaje de estos pacientes.
Pero además ,no hay que olvidar que los Médicos de Familia somos Licenciados en Medicina y.......Cirugía. Además, uno de los servicios incluidos en la famosa cartera de servicios de todas las gerencias es la Cirugía menor, en la que se incluyen intervenciones como drenaje de abscesos, infiltraciones, cirugía de la uña incarnada, extirpación de nevus , quistes, trombosis hemorroidales e incluso tumores cutáneos.........todo ello con el consentimiento informado del paciente, con una buena aproximación diagnóstica y con un escrupuloso cumplimiento de los protocolos establecidos, incluyendo envío de la pieza a estudio anatomo-patológico. De esta manera ofertamos un servicio muy bién valorado por la población,con buenos índices de concordancia con la Atención especializada y que da calidad a nuestra labor como médicos, especialmente en el medio rural donde ,además, los pacientes agradecen el que les evites un viaje a la ciudad, a veces distante muchos kilómetros, para realizarles una intervención que puede hacerse en su centro de salud por su médico , en quién confía.
Pero , si esto es así, no es menos cierto que cada vez hay menos posibilidades de hacer cirugía menor en nuestros centros debido a la masificación a la que nos enfrentamos día tras día sin que haya gerencia ni servicio desalud que lo remedie. Conozco directores médicos que se oponían a que se realizaran en las guardias.....(estos politiquillos de vía estrecha). Sin embargo, el hecho de que hagamos cirugía ,aunque se llame menor, supone que de facto somos una Especialidad Medico-Quirúrgica,que se forma con 4 años de MIR y posteriormente con desarrollo profesional continuo. Y ,que yo sepa, todas las especialidades médico-quirúrgicas, tienen un día al menos en la semana en la que "tienen quirófano", y ése día ,lógicamente no pasan consulta los cirujanos de turno. ¿Porqué eso es así en la mal llamada Atención Especializada y no se hace algo parecido en la A. Primaria ? ¿No ha llegado la hora de reclamar de las gerencias, que si quieren incluir la cirugía menor e la cartera de servicios (que a mí me parece bién que así sea), digan que debemos tener unas horas a la semana ó un tiempo razonable en las demenciales agendas de cada día para efectuar este trabajo? ¿Porqué también somos discriminados en este tema como en otros muchos con el silencio cómplice de las gerencias ? Que alguien me lo explique ó de lo contrario nuestros representantes sindicales, coordinadores y gerentes deberían abordar y solucionar este tema cuanto antes, ó dejar de presumir que se hace cirugía menor para presentar estadísticas en sus mítines políticos cuando no facilitan que se haga. La esclavitud en España se abolió en 1837,por si alguien lo ignoraba.
martes, 12 de mayo de 2009
Mariposas Viejas. Relato en 3 entregas. (final)

Mientras esperaba a que llegara un autobús, Juana pensó que había muchos hospitales en este país y que no tenía que cerrarse las puertas. De pronto escuchó una voz familiar tras de sí y cuando volvió su rostro se encontró cara a cara con Claudia, la enfermera, vestida con el pijama blanco. ¿A dónde va?, preguntó Claudia, su padre acaba de despertar del coma, la necesita. Juana no le contestó y dirigió su mirada directamente al asfalto. Entonces Claudia lo entendió todo. No es su hija, dijo. Juana no dijo nada durante un tiempo. Luego dijo: perdóneme. La culpa recorría todo su ser. ¿Por qué lo hizo?, preguntó Claudia. Juana le contestó que estaba sola en el mundo y que su pensión no alcanzaba para un alquiler. Así que desde hace unos años mi vida es esta, dijo Juana, cuidar de viejas mariposas que ya no pueden valerse por sí mismas a cambio de alojamiento. La enfermera estaba asombrada. Juana le contó que había cuidado de enfermos de alzheimer a quienes había convencido de que eran familia: y había cuidado de comatosos y amnésicos, tetrapléjicos y discapacitados intelectuales, muertos cerebrales y esquizofrénicos, pero nunca había cuidado de una persona, digamos… consciente, como lo estaba ahora Francisco. Por eso me voy, dijo, y añadió: por favor, no le diga nada a nadie. A lo lejos se vio venir un autobús. La mujer se levantó. No se vaya, dijo Claudia, él quiere que vuelva, me ha pedido que salga a buscarla. No puedo, no tengo nada que hacer aquí, dijo Juana. Francisco no tiene a nadie más que a usted, dijo la enfermera, puede que no sea su hija, pero le ha cuidado como si lo fuera, y no le ha pedido nada a cambio.
Lo siguiente que sucedió fue que Juana se sentó en el sillón donde había pasado los últimos meses. Su paciente la miraba directamente a los ojos desde la cama, esta vez en posición de semisentado. Me han dicho todo lo que ha hecho por mí, dijo Francisco. Ella no le contestó. Siempre había sido muy tímida (tal vez por eso cuidaba de gente en coma o disminuida). Quiero que se quede, continuó Francisco, quédese conmigo, faltan semanas para que me den el alta, ¡quédese, por favor! Y se quedó. Volvió a leerle libros de la biblioteca, sólo que esta vez no eran de Agatha Christie, sino de Alejandro Dumas, que eran los que le gustaban a él. Con el tiempo, aprendieron a conocerse y todo volvió a adquirir una suerte de equilibrio difícil de explicar. Semanas después, sin previo aviso, Francisco sufrió una parada cardiorrespiratoria y murió.
En realidad Juana ya conocía el desenlace de esta historia. Había representado el papel de hija apenada docenas de veces (papel que no era un papel, sino una forma de vida). Le lloró sinceramente, como siempre lloraba a los ancianos que cuidaba, pero esta vez, si cabe, lo hizo con más sentimiento, porque era la primera vez que uno de sus pacientes conocía la verdad, y la había aceptado incondicionalmente. Después de hablar con el médico (el médico seguía creyendo que era su hija y la trató como tal; la única que conocía la verdad era Claudia, la enfermera, quien por lo visto no había dicho nada a nadie) rebuscó entre los papeles de Francisco y encontró el número de la funeraria. Llamó y comunicó el fallecimiento. A continuación bajó hasta el tanatorio del hospital, que era frío y de color marrón pálido, y acompañó el cadáver de su amigo hasta que llegó el hombre de la funeraria, el señor Ramón. Éste la reconoció, abrió los ojos de par en par y dijo: ¿Cuántos padres tiene usted? Un padre y muchos padrastros, contestó Juana, y de nuevo se vio eligiendo el tipo de ataúd, las flores, la misa, y los panegíricos. De nuevo se despidió del señor Ramón y de nuevo se sintió sola en el mundo.
Antes de marcharse pasó a despedirse de Claudia. Le dio las gracias por todo (fundamentalmente por no delatarla) y le dijo que se marchaba. Se abrazaron. La enfermera le dijo que se cuidase mucho. Y Juana dijo: igualmente. Después, Claudia sacó una carta que llevaba el nombre de Juana y se la entregó. Francisco me dijo que se la diera si todo iba mal, dijo. Y todo ha ido mal, ¿verdad? Sí, todo ha ido mal. En el autobús Juana abrió la carta de Francisco y su contenido la dejó total y absolutamente perpleja. Decía que estas últimas semanas habían sido las mejores de su vida; que se había sentido feliz y contento de haber podido contar con alguien en sus últimas horas, y que por eso ( entre otras muchas cosas) Francisco la nombraba heredera universal de su fortuna (valorada en varios millones de euros). Luego aparecían escritos ciertos detalles técnicos como que la lectura de testamento se haría efectiva una semana después de su fallecimiento en la calle Soler número 17 con el notario Nando López, etcétera. Juana sonrió. En verdad su vida había cambiado. Estaba contenta. Muy contenta. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Ahora tenía dinero. Sin embargo algo la entristecía. Cuidar de la gente no estaba tan mal, pensó. Juana volvió a leer la carta. La leyó varias veces. Muchas veces. La parte que más le gustaba no era la que anunciaba su inminente fortuna, sino las últimas líneas, que decían: “gracias por su compañía” y estaba firmadas con un: “su eterno amigo, Francisco López.”
Lo siguiente que sucedió fue que Juana se sentó en el sillón donde había pasado los últimos meses. Su paciente la miraba directamente a los ojos desde la cama, esta vez en posición de semisentado. Me han dicho todo lo que ha hecho por mí, dijo Francisco. Ella no le contestó. Siempre había sido muy tímida (tal vez por eso cuidaba de gente en coma o disminuida). Quiero que se quede, continuó Francisco, quédese conmigo, faltan semanas para que me den el alta, ¡quédese, por favor! Y se quedó. Volvió a leerle libros de la biblioteca, sólo que esta vez no eran de Agatha Christie, sino de Alejandro Dumas, que eran los que le gustaban a él. Con el tiempo, aprendieron a conocerse y todo volvió a adquirir una suerte de equilibrio difícil de explicar. Semanas después, sin previo aviso, Francisco sufrió una parada cardiorrespiratoria y murió.
En realidad Juana ya conocía el desenlace de esta historia. Había representado el papel de hija apenada docenas de veces (papel que no era un papel, sino una forma de vida). Le lloró sinceramente, como siempre lloraba a los ancianos que cuidaba, pero esta vez, si cabe, lo hizo con más sentimiento, porque era la primera vez que uno de sus pacientes conocía la verdad, y la había aceptado incondicionalmente. Después de hablar con el médico (el médico seguía creyendo que era su hija y la trató como tal; la única que conocía la verdad era Claudia, la enfermera, quien por lo visto no había dicho nada a nadie) rebuscó entre los papeles de Francisco y encontró el número de la funeraria. Llamó y comunicó el fallecimiento. A continuación bajó hasta el tanatorio del hospital, que era frío y de color marrón pálido, y acompañó el cadáver de su amigo hasta que llegó el hombre de la funeraria, el señor Ramón. Éste la reconoció, abrió los ojos de par en par y dijo: ¿Cuántos padres tiene usted? Un padre y muchos padrastros, contestó Juana, y de nuevo se vio eligiendo el tipo de ataúd, las flores, la misa, y los panegíricos. De nuevo se despidió del señor Ramón y de nuevo se sintió sola en el mundo.
Antes de marcharse pasó a despedirse de Claudia. Le dio las gracias por todo (fundamentalmente por no delatarla) y le dijo que se marchaba. Se abrazaron. La enfermera le dijo que se cuidase mucho. Y Juana dijo: igualmente. Después, Claudia sacó una carta que llevaba el nombre de Juana y se la entregó. Francisco me dijo que se la diera si todo iba mal, dijo. Y todo ha ido mal, ¿verdad? Sí, todo ha ido mal. En el autobús Juana abrió la carta de Francisco y su contenido la dejó total y absolutamente perpleja. Decía que estas últimas semanas habían sido las mejores de su vida; que se había sentido feliz y contento de haber podido contar con alguien en sus últimas horas, y que por eso ( entre otras muchas cosas) Francisco la nombraba heredera universal de su fortuna (valorada en varios millones de euros). Luego aparecían escritos ciertos detalles técnicos como que la lectura de testamento se haría efectiva una semana después de su fallecimiento en la calle Soler número 17 con el notario Nando López, etcétera. Juana sonrió. En verdad su vida había cambiado. Estaba contenta. Muy contenta. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Ahora tenía dinero. Sin embargo algo la entristecía. Cuidar de la gente no estaba tan mal, pensó. Juana volvió a leer la carta. La leyó varias veces. Muchas veces. La parte que más le gustaba no era la que anunciaba su inminente fortuna, sino las últimas líneas, que decían: “gracias por su compañía” y estaba firmadas con un: “su eterno amigo, Francisco López.”
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