- MI pequeño homenaje a este gran hombre , del que podríamos aprender todos y que se ha ido en silencio, porque sabía que la muerte forma parte de la vida.
La Utopía
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
miércoles, 10 de abril de 2013
martes, 9 de abril de 2013
Los Cafés Pendientes
- "Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas.:
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pendientes".
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
- ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
- Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés - pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
- ¿Tienen algún "café pendiente"?
Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.
"El café pendiente" - Tonino Guerra, contó la historia de uno de sus directores Federico Fellini y Vittorio De Sica.
Hay muchas maneras de ayudar y ser más solidario!
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pendientes".
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
- ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
- Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés - pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
- ¿Tienen algún "café pendiente"?
Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.
- La costumbre napolitana de invitar a un café a un indigente en un bar está llegando a España
- Los creadores de la propuesta proponen introducir un distintivo en los locales que se sumen a la iniciativa
"El café pendiente" - Tonino Guerra, contó la historia de uno de sus directores Federico Fellini y Vittorio De Sica.
Hay muchas maneras de ayudar y ser más solidario!
lunes, 8 de abril de 2013
Ayudar a Morir
- En un diario nacional , se hacen eco de este libro escrito por una Médico Generalista del Reino Unido: Iona Health
Iona nació en Inglaterra, donde estudió medicina. Desde 1975 fue médico generalista en la región de Camden, uno de los suburbios más pobres de Londres. Entre 1998 y 2004 fue presidente del Comité de Ética Médica del Real Colegio de Médicos Generales, que integraba desde 1989. Actualmente, preside el Comité de Ética del British Medical Journal. Entre 1997 y 1999 fue miembro de la Real Comisión para el Cuidado de la Ancianidad, y desde 2004 forma parte de la Comisión de Genética Humana. Entre 1973 y 2003 dirigió el Grupo sobre Desigualdades en Salud.
Este libro , Ayudar a morir, es la descripción de un viaje en cuyo trayecto la palabra de poetas, escritores y pensadores echa luz sobre circunstancias de las vidas y las muertes de hombres y mujeres que siempre, de algún modo, son extraordinarias.
He aquí un fragmento:
" Hace unos años, una de mis pacientes fue hospitalizada cuando perdió el conocimiento. El director de la institución geriátrica en la que vivía pidió una ambulancia. La mujer, una viuda de 80 y tantos años, estaba muy débil. En ese momento la preocupación por la discriminación a los ancianos estaba en su apogeo y, tal vez como consecuencia de ello, la paciente fue internada en una unidad coronaria donde se le brindó la mejor atención posible, que incluyó un moderno tratamiento de fibrinolisis. La mujer se recuperó y, dado que parecía encontrarse bien, se la dio de alta una semana después. Cuando la visité me dijo que estaba muy agradecida por cómo la habían atendido, pero manifestó su profundo disgusto por un tratamiento que consideraba completamente inapropiado. Me explicó que tanto su esposo como casi todos sus amigos y conocidos ya habían muerto, que su fragilidad física le impedía hacer prácticamente todas las cosas que le gustaban y que no tenía deseos de seguir viviendo. Nadie le había preguntado nada al respecto ni se había tratado de determinar si el tratamiento -eficaz y por lo tanto recomendado- resultaba apropiado en su caso específico. Murió tres semanas después, mientras dormía. El elevado costo del tratamiento anterior había resultado inútil, perturbador y antieconómico.
"Compruebo -escribe la doctora Iona Heath- que para muchos una buena muerte es aquella en la que el moribundo puede controlar el proceso y morir con dignidad y calma, y todos los que lo rodean se sienten privilegiados, en cierta forma enriquecidos por la situación". Sin embargo, esas muertes son poco comunes. Son muchos más los que son objeto de manoseo y falta de respeto, los que quedan sumidos en el sufrimiento.
Morir es difícil. También es difícil ser médico: presenciar cada día la agonía y tomar conciencia una y otra vez de los límites de la ciencia. Cuando el paciente terminal conoce a su médico, ambos inician una de las tareas más complejas que deberán afrontar. ¿Cómo dialogar con quien está por dejarnos? ¿Cómo acompañarlo sin reducirlo a objeto de un inútil ensañamiento terapéutico? ¿Cómo hacer más suave y digna la transición?
Yo , desde luego , voy a leerlo. ¿Y tú?. Además sólo vale 13 euros.
Ayudar a morir. Iona Heath. Editorial Katz. Madrid, 2008. Traducción de Joaquín Ibarburu. 126 páginas.
Iona nació en Inglaterra, donde estudió medicina. Desde 1975 fue médico generalista en la región de Camden, uno de los suburbios más pobres de Londres. Entre 1998 y 2004 fue presidente del Comité de Ética Médica del Real Colegio de Médicos Generales, que integraba desde 1989. Actualmente, preside el Comité de Ética del British Medical Journal. Entre 1997 y 1999 fue miembro de la Real Comisión para el Cuidado de la Ancianidad, y desde 2004 forma parte de la Comisión de Genética Humana. Entre 1973 y 2003 dirigió el Grupo sobre Desigualdades en Salud.
Este libro , Ayudar a morir, es la descripción de un viaje en cuyo trayecto la palabra de poetas, escritores y pensadores echa luz sobre circunstancias de las vidas y las muertes de hombres y mujeres que siempre, de algún modo, son extraordinarias.
He aquí un fragmento:
" Hace unos años, una de mis pacientes fue hospitalizada cuando perdió el conocimiento. El director de la institución geriátrica en la que vivía pidió una ambulancia. La mujer, una viuda de 80 y tantos años, estaba muy débil. En ese momento la preocupación por la discriminación a los ancianos estaba en su apogeo y, tal vez como consecuencia de ello, la paciente fue internada en una unidad coronaria donde se le brindó la mejor atención posible, que incluyó un moderno tratamiento de fibrinolisis. La mujer se recuperó y, dado que parecía encontrarse bien, se la dio de alta una semana después. Cuando la visité me dijo que estaba muy agradecida por cómo la habían atendido, pero manifestó su profundo disgusto por un tratamiento que consideraba completamente inapropiado. Me explicó que tanto su esposo como casi todos sus amigos y conocidos ya habían muerto, que su fragilidad física le impedía hacer prácticamente todas las cosas que le gustaban y que no tenía deseos de seguir viviendo. Nadie le había preguntado nada al respecto ni se había tratado de determinar si el tratamiento -eficaz y por lo tanto recomendado- resultaba apropiado en su caso específico. Murió tres semanas después, mientras dormía. El elevado costo del tratamiento anterior había resultado inútil, perturbador y antieconómico.
"Compruebo -escribe la doctora Iona Heath- que para muchos una buena muerte es aquella en la que el moribundo puede controlar el proceso y morir con dignidad y calma, y todos los que lo rodean se sienten privilegiados, en cierta forma enriquecidos por la situación". Sin embargo, esas muertes son poco comunes. Son muchos más los que son objeto de manoseo y falta de respeto, los que quedan sumidos en el sufrimiento.
Morir es difícil. También es difícil ser médico: presenciar cada día la agonía y tomar conciencia una y otra vez de los límites de la ciencia. Cuando el paciente terminal conoce a su médico, ambos inician una de las tareas más complejas que deberán afrontar. ¿Cómo dialogar con quien está por dejarnos? ¿Cómo acompañarlo sin reducirlo a objeto de un inútil ensañamiento terapéutico? ¿Cómo hacer más suave y digna la transición?
Yo , desde luego , voy a leerlo. ¿Y tú?. Además sólo vale 13 euros.
Ayudar a morir. Iona Heath. Editorial Katz. Madrid, 2008. Traducción de Joaquín Ibarburu. 126 páginas.
jueves, 4 de abril de 2013
Nuevos Tiempos , Nuevos Trabajos
- Según Rajoy, el año que viene se empezará a generar empleo. Lo que no sabemos es de qué tipo: en las esquinas, tres horas a dias alternos, una noche sí y tres no....... ¡Vaya vd a saber! Mientras tanto suceden estas cosas:
martes, 2 de abril de 2013
La Extinción del Niño Sano
- El excelente blog multiprofesional Medicos Sin Marca ha hecho una entrada que me parece paradigmática del esperpento en que se están convirtiendo algunos temas habituales en las consultas de A. Primaria. Ocurre lo mismo con la Pre-Hipertensión, los Cólicos del lactante, la menopausia, las revisiones escolares ó el tratamiento de la hiperlipemia en mujeres sanas que además tienen un HDL alto. Si no ponemos sentido común a este disparate tendremos que entonar el mea culpa en poco tiempo.
No sólo los laboratorios hacen uso
sistemático de tácticas de promoción cuestionables y alianzas
interesadas con el cuerpo médico. En pediatría, la promoción agresiva de
fórmulas “nutracéuticas” y “terapéuticas” –importadas y de alto costo–
constituye una práctica habitual y en vertiginoso aumento.
Una estrategia dominante actualmente es
la “patologización” indiscriminada de fenómenos normales en el lactante
menor (especialmente antes de los 3 meses) y su presunta resolución con
fórmulas hipoalergénicas. El terreno es fértil para la profecía
autocumplida, pues los fenómenos propios del desarrollo, como llanto,
cólicos, regurgitación, despertares nocturnos, erupciones cutáneas, etc.
están destinados a resolverse espontáneamente, generalmente a partir de
los 3 meses. En un reciente congreso internacional realizado en Chile,
un conferencista promovía –ante medio millar de personas– el uso de
ciertos productos para el cólico infantil, señalando su efectividad en
un 70% de los casos al cabo de 4 a 6 semanas de uso. Por definición,
¡ésa es la historia natural del cólico infantil! Así fue descrita por
los clásicos y corroborada por la investigación contemporánea.
Esta estrategia ha resultado un
verdadero éxito comercial y mediático, generando una preocupación masiva
en las madres y familias de los lactantes, mientras se distribuyen
incentivos a granel entre los prescriptores. Estos reciben además la
información técnica de parte de las propias compañías, alineando así sus
conocimientos con los intereses de éstas. Los productos referidos son
prescritos a un porcentaje considerable de los lactantes que consultan
(sobre todo en sectores de nivel socioeconómico más alto).
Esta situación es especialmente notoria
en el ámbito de las alergias alimentarias. Si bien hay datos que
muestran un aumento de dichas alergias en las últimas décadas, las
prácticas observadas en nuestro país (y en otros) pocas veces se basan
en la evidencia “dura”. Los criterios diagnósticos se han vuelto
extremadamente difusos, muchas veces en forma deliberada y bajo el
impulso de las partes interesadas. Los diagnósticos se apoyan en pruebas
de laboratorio inespecíficas, no validadas o francamente erróneas.
Algunas de las cifras presentadas se basan en autodiagnóstico de
pacientes en encuestas poblacionales.
Hay otros factores implicados en este
fenómeno médico-sociológico. Entre ellos, la cantidad e intensidad de
los temores y aprensiones que se observan en una alta proporción de los
padres y madres de hoy. Éstos están relacionados con el desconocimiento
de la fisiología del niño sano, de sus variantes normales y de los
fenómenos propios del desarrollo infantil, no sólo por parte de la
población general sino también de muchos médicos (sobre todo de reciente
egreso). El nivel de exposición a la biología del niño sano y a la
puericultura en los currículos pediátricos de algunas universidades
parece francamente insuficiente. Las actividades prácticas suelen
centralizarse en campos terciarios (atención de patologías), a expensas
de la supervisión de salud de la díada madre-hijo y del enfoque familiar
y comunitario.
El clima de consumismo imperante en el
área de la salud estimula en las familias el fenómeno de “doctor
shopping” y la búsqueda de segundas y terceras opiniones. Se multiplican
las consultas por motivos banales y la medicalización (y medicación) de
molestias menores. Padres que se presentan como clientes exigentes
(“¡para eso pago!”) demandan para sus hijos una especie de “inmunidad
absoluta”. El nacimiento, el crecimiento y la crianza deben ser
perfectos, exentos de dolencias y de las vicisitudes propias de la
condición humana. No se aceptan resfríos, ni quejas, ni llantos, ni
desvelos, ni sarpullidos, ni muchas deposiciones ni pocas, ni
regurgitaciones, ni gases, ni despertares intempestivos ni variantes
temperamentales en los niños.
Los medios, especialmente la TV y las
revistas “femeninas”, con su énfasis en los testimonios dramáticos y
casos aberrantes, contribuyen a la patologización de fenómenos
habituales en los niños, fomentando en la población una preocupación
excesiva ante situaciones manejables. A menudo vemos en reportajes y
entrevistas a connotados “gurús” promoviendo el uso de costosas panaceas
(casualmente en sincronía con las compañías fabricantes). Las complejas
redes de intereses que involucran a medios de comunicación, compañías
farmacéuticas (o de alimentos) e instituciones de salud, por regla
general pasan desapercibidas a ojos de televidentes y lectores.
Las sociedades científicas, volcadas
hacia adentro, muchas veces desconocen las repercusiones que sus
recomendaciones tienen sobre el cuerpo médico no especializado, los
medios, el público y la salud de la población. A mayor especialización y
menor orientación biopsicosocial, mayor es la probabilidad de que sus
normativas –unilaterales y a menudo dogmáticas– entren en conflicto con
intereses naturales de la comunidad, como la promoción de la lactancia
materna, el cuidado responsable del lactante y del niño y la contención
de costos en salud.
Los cursos y congresos promovidos por
muchas sociedades científicas son un reflejo de los intereses de las
compañías patrocinadoras. Rara vez se encontrará, por tanto, que
enfaticen (o siquiera incluyan) actualizaciones en temas como lactancia
materna, alimentación infantil saludable o biología del resfrío común
(en oposición a la creciente y perniciosa tendencia a conferir carácter
crónico y ominoso a las infecciones respiratorias banales de la
infancia, que son parte constitutiva de la vida en sociedad del ser
humano). Los conferencistas invitados suelen ser elegidos (o
“sugeridos”) por los auspiciadores o pertenecer a su nómina de speakers
pagados. Los temas a tratar –y los expositores– a menudo pasan por el
filtro (explícito o implícito) de dichas corporaciones. Abundan los
regalos y las chucherías de toda índole para los asistentes, con el
nombre y logo del producto “estrella”. El espectáculo en ocasiones es
cuasi-circense.
En tales instancias de Educación
Continua, los asistentes –en buena parte jóvenes profesionales sin
oportunidad de acceder a programas educativos formales– siguen con
devoción y candor las ponencias presentadas, internalizando de manera
literal los contenidos.
Cada año, laboratorios y compañías de
alimentos no escatiman en gastos para financiar el periplo
latinoamericano de investigadores extranjeros que presentan sus
convenientes resultados y que encuentran tribuna libre y aquiescencia de
parte de las jefaturas de centros académicos y clínicos (donde las
promociones se realizan incluso en el horario oficial de las reuniones
clínicas).
Algunas compañías han impulsado la
creación de foros en internet donde madres, padres y otros “interesados”
discuten informalmente los problemas que ameritan el uso de ciertos
medicamentos y productos. Allí se demonizan los malestares normales del
lactante, se solidariza con las sufrientes familias y se describen las
virtudes de tal o cual producto. La compañía interesada permanece en las
sombras. Muchas veces los foristas promueven agresivas acciones de
lobby para que el (carísimo) producto llegue a ser una necesidad
colectiva y, por ende, objeto de subsidios estatales (un precioso
ejemplo de políticas regresivas).
Escasea la investigación local dirigida a
caracterizar la naturaleza y efectos de la patologización de los
fenómenos normales, así como sus costos económicos y sociales. Por
ejemplo, el masivo aumento de las licencias médicas por supuesta
enfermedad grave del niño menor –responsable de una escalada en costos
de salud durante casi dos décadas–, prácticamente no mereció
investigaciones de carácter científico en el país.
Las universidades, por su parte, cada
vez más centran sus intereses investigativos en grandes proyectos sobre
terapias farmacológicas, financiados por laboratorios internacionales, o
en proyectos de prestigio –muchas veces personalistas–
característicamente en el campo de la biología molecular. Las entidades
con interés en Salud Pública –públicas o privadas, universitarias o
estatales– tienden por su parte a incursionar en el terreno tradicional
de la demografía y de las políticas económicas o de gestión. Lo que
ocurre en la calle, en los hogares o en la consulta médica rara vez es
investigado por los ámbitos académicos, aún cuando moldeen en forma
fundamental las creencias y procederes de la población.
Tampoco la rigurosa Medicina Basada en
Evidencia (MBE), cuyo insumo son los datos publicados en la literatura,
suele hacerse cargo de estos temas. Por lo demás, la proletarización de
la práctica clínica –especialmente en Atención Primaria– deja a los
profesionales desinformados respecto de las fuentes de evidencia en las
que debieran apoyar sus decisiones. En este contexto, los visitadores
médicos y las compañías farmacéuticas y de alimentos se hacen cargo a
sus anchas –con sus propios énfasis, contenidos, trucos y obsequios– de
la educación continua de gran parte de la profesión médica.
Los grandes temas de salud no tienen
sponsor. Ante la irresistible presión de situaciones como las antes
descritas, que actúan concertadamente, los grandes perdedores serán
siempre los temas huérfanos de mecenas corporativos: la lactancia
natural, las prácticas saludables en la crianza y la alimentación del
niño, el autocuidado, la resolución espontánea de las dolencias banales y
autolimitadas. En suma, el concepto global de “niño sano” o “niño
normal”. Frente a las potentes fuerzas mercantiles y de la cultura
imperante que insisten en desvirtuarlo, patologizando todas y cada una
de sus características, el concepto de niño sano constituye hoy en día
una concepción casi subversiva.
lunes, 1 de abril de 2013
El Gallinero
- Muchas veces, al final del día, me pregunto cómo es posible que asistamos impasibles al desmantelamiento de la Sanidad y de la Educación pública sin que haya una sociedad fuerte , que no permitiese disputas políticas en temas esenciales para la sociedad , al estilo de la mujer que reclamaba a su hijo al rey Salomón y que el rey propuso partir en dos para desenmascarar a la que no era la madre verdadera y a la que ,por tanto le daba igual matar al niño con tal de fastidiar a su contrincante,
Asumiendo que la existencia de la clase política es invitable, al menos podríamos pedirles un poco de honestidad y trabajo al servicio de la sociedad que los ha elegido. Pero ya se encargarán ellos de que el analfabetismo político y la manipulación acabe creando tal confusión que haga que lo evidente pase desapercibido ó se confunda con otras cosas.
Como sucedía en este gallinero:
Asumiendo que la existencia de la clase política es invitable, al menos podríamos pedirles un poco de honestidad y trabajo al servicio de la sociedad que los ha elegido. Pero ya se encargarán ellos de que el analfabetismo político y la manipulación acabe creando tal confusión que haga que lo evidente pase desapercibido ó se confunda con otras cosas.
Como sucedía en este gallinero:
sábado, 30 de marzo de 2013
Curando a Distancia
- Charlatanes y mamarrachos los ha habido siempre. Pero es porque hay gente aún más estúpida que cree en ellos.
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