La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

viernes, 11 de enero de 2013

Privatizando que es Gerundio.........y de Imbéciles

- A continuación  una presentación algo larga, pero muy clara sobre los costes , no sólo económicos , del modelo de gestión privada de lo público.
Es de Manuel Martín , secretario de la FADSP, por lo que la visión puede parecer sesgada, aunque a mí me ha parecido impecable, por lo que  aclara de algunas posturas inflexibles por parte del partido en el poder.  Cuando cita a la OMC se refiere a la Organización Mundial del Comercio y no a nuestra OMC (Organización Médica Colegial)
¡Ah! y las viñetas de El roto son inmejorables



jueves, 10 de enero de 2013

Urge Sostener la Sanidad Pública

-Un artículo muy clarificador de la situación del Sistema sanitario, se ha publicado en El país, por Costas Lombardía y R. Escudero: 
¿Deberíamos ir pensando de una vez en hacer algo CONJUNTAMENTE , en todo eL TERRITORIO NACIONAL  (no sólo enMadrid) , involucrando a sanitarios y pacientes en la defensa de la Sanidad Pública? . Creo que ya va siendo hora, porque , si no actuamos, cuando queramos apagar el fuego, todo se hallará reducido a cenizas.

. Desde hace meses, el Sistema Nacional de Salud en bancarrota recorta a fondo lo necesario y escatima lo imprescindible. Es ya un sistema mermado e insolvente que, sitiado por las necesidades de asistencia y por los acreedores, cada día requiere más artificios para sostenerse vacilante. El ahogo financiero le dio una vuelta de campana (del todo a todos gratuito pasó a una brusca e inclemente estrechez y de atender a todos los ciudadanos a solo los asegurados), que acentuó sus graves fallos de funcionamiento y ha dislocado sus principios esenciales, criterios políticos y sentido de la cohesión social. La sanidad pública, claro, no volverá a ser como era antes de la crisis y su futuro, siempre nublado, es ahora oscuro y espinoso.
2. No hay, sin embargo, signos de intranquilidad en los rectores políticos del sistema. Al parecer, hechos los recortes que disfrazan de reformas, el porvenir no les preocupa. Una indiferencia que es, además de imprevisión culpable, una forma cómoda de cerrar los ojos a los nuevos compromisos que sin remedio van a llegar. Porque este no es el momento de esperar a ver lo que pueda venir sino de buscarlo y conocerlo, siquiera atisbarlo examinando algunas de las circunstancias que hoy envuelven al sistema:
a) Financieras. La recesión y el descenso de los ingresos fiscales estrecharán durante no pocos años el cerco al gasto público impuesto con dureza por los mercados. Se ha restaurado el horror al déficit y ajustarse a los presupuestos será una exigencia sin excusa.
b) Económicas. La oferta se cercena (menos medios, menos personal, menos inversiones) mientras el incesante progreso tecnológico y el creciente número de enfermos crónicos seguirán avivando la demanda. Con recursos más escasos, diríamos que dos veces escasos (presupuestos disminuidos y sin posibilidad de endeudarse) el Sistema tendrá que afrontar una demanda acelerada y sin límites naturales.
Reducir e incluso eliminar la ineficiencia del sistema significaría solo una ayuda momentánea
c) Sociales. El ciudadano enfermo es atendido en su lugar de residencia y naturalmente cada enfermo solo puede enjuiciar la asistencia que recibe, es decir la de su barrio o su pueblo. No puede ver y menos traer la de más allá, no puede comparar. Así, en un sistema nacional de salud se producen numerosas opiniones disgregadas que difícilmente pueden llegar a formar una opinión pública consistente y activa. Por eso no cabe esperar que la desmejora de la sanidad pública provoque una protesta social eficaz.



d) Políticas. El sistema ya no es el mejor del mundo, como los políticos antes proclamaban, que vivía en una continua alegría financiera y era un germen de votos para los partidos en el poder. En los próximos años habrá de ser administrado con medidas impopulares. El éxito abandonó al sistema, que será menos deseable para los políticos.
e) Los médicos. Con el enfermo, protagonizan el sistema. Cuentan con prestigio social y poderes singulares (deciden el gasto sanitario y definen los enfermos) suficientes para intervenir, o al menos influir, en el curso del sistema. No los ejercen, sin embargo, seguramente por un exceso de individualismo y conformidad. Ahora los recortes y la intransigencia con que se imponen han movido a los médicos y a los enfermeros a hacer huelgas y echarse a la calle en varias autonomías. Un hecho insólito y significativo. Tienen mucho que decir y fuerza real para hacerse oír, aunque hasta hoy haya sido poco o nada lo que han conseguido. Dan la impresión de que actúan conteniéndose, de que no quieren llegar hasta donde podrían llegar, como si hicieran huelga más para mostrar indignación que para ganarla.
No hay evidencia alguna de que la provisión pública de asistencia sea menos eficiente que la provisión privada
3. Estas circunstancias no invitan al optimismo. Anuncian que continuará el tiempo de penuria y que los cambios en el sistema, indispensables para sostenerlo en el futuro, serán difíciles: los ciudadanos no pueden y los profesionales sanitarios no se atreven a crear la presión social necesaria para mover a los políticos, y el quebranto del sistema por los cismas nacionalistas y las disensiones en sanidad entre las autonomías supone otro obstáculo notable. Pero la reforma del Sistema Nacional de Salud es ya moralmente exigible a los Gobiernos por los imperativos de igualdad social y de solidaridad. Nada podría justificar el abandono, ni aun el retraso, en salvar un sistema que no avanza sino que se desliza hacia el futuro por simple inercia y tal como está: roto, decadente, inequitativo, opaco, sin rumbo y sin un duro, con acreedores aguardando. ¿Cómo podrá afrontar la demanda de asistencia siempre en crecimiento?
4. No pocos políticos confían, o les conviene decir que confían, en que una mayor eficiencia mejorará las cosas: una gestión rigurosa y competente, aseguran, evitará el actual despilfarro, de tal modo que el sistema podría obtener de sí mismo los recursos necesarios para salir del agobio y afirmar el porvenir. Vana esperanza. La eficiencia, que podríamos definir como alcanzar el fin (atender a los enfermos) al menor coste, es una obligación moral: el dinero de los contribuyentes usado para financiar un servicio público debe rendir al máximo su valor, particularmente en sanidad, donde la escasez irremediable de los recursos determina que la decisión explícita de dedicarlos a un paciente suponga la decisión implícita de negarlos a otro (Williams). Pero en ningún sistema sanitario del mundo, incluido el norteamericano, cuyo malgasto es proverbial, la ineficiencia existente, expresada en ahorro posible, puede ser tan elevada que su rebaja o incluso su eliminación (algo utópico) signifique más que una ayuda momentánea (y conviene recordar aquí otro hecho: no hay evidencia alguna de que la provisión pública de asistencia sea menos eficiente que la provisión privada).


5. Entonces ¿cómo se sostendrá la sanidad pública en los próximos años? Pues malamente, apoyada en el racionamiento por la espera, es decir, prolongando más y más las listas de espera, que remansan la demanda y, cuidadosamente ocultas o manipuladas por los políticos, hacen poco visibles los recortes. Así, el sistema no negará nada a los enfermos, salvo la oportunidad de su asistencia: pasarán meses sin ser tratados, pero el retraso solo lo conocerá y sufrirá cada enfermo individualmente. No será un hecho social que llegue a la calle. El sistema mantendrá la ficción de que es capaz de atender todas las necesidades de todos los ciudadanos (Syrett). La realidad quedará escondida y los políticos aliviados. Pero la espera, cuando se prolonga, además de desatender el dolor y la incertidumbre del enfermo, multiplicar las visitas a urgencias y quizá complicar la dolencia, mina las raíces del sistema, porque: a) desacredita la sanidad pública (la espera siempre se percibe como un síntoma de mala calidad) y estimula el uso de la privada: en Reino Unido se ha estimado que la probabilidad de contratar un seguro privado aumenta el 2% cuando las listas de espera suben una persona por mil de población (Besley); b) fomenta las desigualdades sociales: los ciudadanos con poder, en especial los políticos y los acomodados, pueden saltarse la espera con influencia o dinero o primas de seguro, y los pobres, no; solo estos la padecen; y c) tiene notables costes económicos por pérdidas de utilidad y de productividad que, en 1986 y también en Reino Unido, fueron valoradas (Cullis) entre el 9% y el 16% del gasto total del National Health Service.
6. Entretanto, la sanidad privada hace su trabajo y crece cada año. Cuenta con más de 10 millones de asegurados y alcanza un volumen de negocio alto, alrededor del 30% del gasto sanitario total de España. No es, pues, una sanidad marginal ni de mala calidad, es simplemente insolidaria: está constituida por empresas mercantiles cuya vida depende del beneficio que obtengan. Es un ámbito donde “el dinero habla” antes que el enfermo. Aquí la equidad es un concepto extraño, sin valor, y el acceso a los cuidados y la cobertura dependen de la capacidad y voluntad de pagar. Favorecida por los recortes compulsivos del gasto público y por los Gobiernos del Estado y las autonomías de ideología liberal, la sanidad privada marcha ahora por un camino llano y claro.
Enfrente, el sistema público está en un momento crítico: o los políticos deciden sostenerlo reconstruyéndolo sin demora o, refugiado en las listas de espera, sufrirá una deslegitimación social progresiva, empobreciéndose hasta que pronto pierda su núcleo más íntimo y propio, donde están la solidaridad, la equidad, la cohesión social y la justicia, es decir, todo

martes, 8 de enero de 2013

Buitres

- Esta viñeta, que paseó por Madrid ayer mismo para defender nuestra Sanidad Pública reproduce a la perfección la situación de ésta en España  , si los españoles no salen a la calle para detener a los corruPPtos:

 ¡Gracias Madrid , por vuestro ejemplo y vuestra lucha , que es la nuestra!

lunes, 7 de enero de 2013

Duloxetina ....a la cola del tratamiento en la Depresión mayor.

- Una nueva revisión Cochrane publicada el pasado Octubre , encontraba que la Duloxetina no es mejor que el escitalopram ni que otros antidepresivos, incluyendo venlafaxina.
Se identificaron un total de 16 estudios (n = 5735), de los cuales once (n = 3304) comparaban duloxetina con un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina (ISRS; paroxetina en seis estudios, escitalopram en tres estudios y fluoxetina en dos estudios), cuatro (n = 1978) comparaban duloxetina con un antidepresivo más nuevo (venlafaxina en tres estudios y desvenlafaxina en un estudio) y un (n = 453) comparaba duloxetina con quetiapina (antipsicótico también utilizado como antidepresivo).

 Duloxetina no se mostró superior en eficacia a ninguno de los antidepresivos con los que se la comparó. El número de abandonos del tratamiento por cualquier causa fue más elevado con duloxetina que con escitalopram (odds ratio [OR] 1,62, intervalo de confianza [IC] 1,01 a 2,62) o venlafaxina (OR 1,56 , IC 1.14-2.15). La tasa de eventos adversos también fue superior con duloxetina en comparación con paroxetina, aunque para este resultado no se llegó a alcanzar la significación estadística, aunque por poco (OR 1,24, IC 0.99 a 1 , 55).



Así pués, con los datos de esta revisión podemos ir pasando la Duloxetina a la 2ª ó 3ª  línea del tratamiento antidepresivo,  porque lo que sí está claro es que NO SIENDO MÁS EFICAZ , SÍ ES MUCHO MAS CARA Y CON MAS EFECTOS SECUNDARIOS

sábado, 5 de enero de 2013

Regalo de Reyes ¿Cómo se prueban los Tratamientos?

- Como regalo para aquellos que aún no lo conozcan os dejo el link para descargaros el Libro: ¿Cómo se prueban los Tratamientos?  Una mejor investigación para una mejor atención en salud .  Pinchad aquí
 Es el libro  estrella de la biblioteca James Lind (que os recomiendo visitar) y os aseguro que tras leerlo , vuestra visión acerca de lo que ocurre cada  día con la prescripción de fármacos que no han probado  ser nada  eficaces , cambiará para siempre.
 Como muestra del libro os dejo un pasaje:


No hay manera de saber cuándo están completas nuestras observaciones
acerca de los sucesos complejos de la naturaleza. Como bien lo señaló Karl
Popper, nuestro conocimiento es finito, pero nuestra ignorancia es infinita. En
la medicina, nunca podemos estar seguros de las consecuencias de nuestras
intervenciones; tan solo podemos reducir el margen de incertidumbre. Esta
confesión no es tan pesimista como suena: las afirmaciones que resisten un
escrutinio intenso y repetido a menudo resultan muy fiables.
Tales “ verdades funcionales” son los elementos con los que se construyen las estructuras razonablemente sólidas en las que se apoyan nuestras acciones diarias a la cabecera del paciente.
William A. Silverman. Where’s the evidence? (1998)




 Para los que creen que los tratamientos de hoy en día  son horripilantes les dejo este texto:
LA MUERTE DE REY CARLOS II
Sir Raymond Crawfurd (1865-1 93 8) escribió un relato vívido de la muerte
del rey Carlos II en 1685. El rey había sufrido un ataque de apoplejía.
Sus médicos de inmediato se pusieron en acción, con una diversidad de
tratamientos a cual más despiadados:
“Le extrajeron 16 onzas de sangre de una vena del brazo derecho, con un
buen efecto inmediato. Según la práctica aprobada en aquel tiempo, se
permitió al rey quedarse en la silla donde lo sorprendieron las convulsiones.

Le mantuvieron los dientes abiertos por la fuerza para que no se mordiera la
lengua. El régimen consistía, según lo describe sucintamente Roger North,
en lograr primero que despertara y después evitar que se durmiera. Se
habían despachado mensajes urgentes a los numerosos médicos personal es
del rey, que acudieron con prontitud para atenderlo; se les convocó sin
reparar en las distinciones de credo y postura política, y ellos acudieron.

Ordenaron que se le aplicaran ventosas en los hombros sin demora, y que
se realizara una escarificación profunda, con la cual lograron extraer otras
ocho onzas de sangre. Se administró un potente emético de antimonio
[un medicamento para provocar el vómito], pero como tan solo pudieron
hacer que el rey tragara una pequeña porción, decidieron duplicar la
seguridad del tratamiento con una dosis completa de Sulfato de Cinc. Le
dieron purgantes potentes, complementados con una sucesión de clisteres
[enemas]. Le cortaron el pelo al rape y le aplicaron sustancias vesicantes
cáusticas en toda la cabeza. Y por si todo ello no fuera suficiente, también
se solicitó el cauterio al rojo vivo.
El Rey pidió disculpas por ‘tardar un tiempo desmedidamente largo en morir’. “
Crawfurd R. Last days of Char es II. Oxford: The Clarendon Press , 1909.

viernes, 4 de enero de 2013

Puede que el paciente no sepa....

- Inauguramos el año con una nueva reivindicación de la Sanidad  Pública, porque hay una gran parte de la sociedad anestesiada con el discurso oficial de que no hay otras salidas y de que eso es lo único que puede hacerse y eso es una nueva mentira, una más de tantas. Sólo con la mitad de lo que se les ha dado a los bancos , no habría habido que hacer tanto ajuste y recorte en Sanidad, Educación y Justicia. Con sólo el 50% del fraude fiscal que se produce en España ,  nuestro modelo sanitario público estaría a salvo.
Por eso ,  publicamos este vídeo, por responsabilidad  y compromiso, ¡ Ah , y recordad las palabras de Gandhi:  «Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas»  !


miércoles, 2 de enero de 2013

Feliz 2013 ......para la gente buena.

- Con esta canción de John Lennon , cantada por Celine Dión os deseo un año 2013  que esperemos sea mejor para la mayor parte de las personas bondadosas, honestas, solidarias y sensibles. A los que no tienen escrúpulos y que sólo piensan en el dinero por encima de las personas....que les den......