- Como decía aquel: "La salud no tiene precio..". Y cuán equivocado estaba. En menos de un mes comenzaremos a ver las consecuencias del Real Decreto que obliga a pensionistas de poco más de 400 euros a pagar parte de sus medicinas. En unos meses veremos la catástrofe que esto va a suponer en muchos de estos pacientes nuestros, que apenas saben leer y escribir y que como tengan que adelantar el dinero y luego reclamarlo al Estado, lo más normal es que dejen de tomarse la estatina ó el hipotensor pensando que así se evitarán engorrosos trámites. El esfuerzo y el trabajo de toda una vida no merecía este "premio". El esfuerzo de muchos profesionales para controlar estas enfermedades crónicas tirado por tierra a golpe de decreto-ley.
Para no dejar mal sabor de boca os dejo un vídeo que lo ironiza:
La Utopía
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.
CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE
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jueves, 7 de junio de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
¿HAY QUE TEMER EL COPAGO?
- En un próximo número de Gaceta Sanitaria se va a publicar el informe SESPAS y otros artículos entre los que se incluye éste relacionado con el famoso Copago de Marisol Rodriguez y Jaume Puig , y habla de porqué no hay que tenerle miedo. Os transcribo alguna de las ideas que vierte , que me parecen de lo más interesante. Y mucho más , ahora que parece que la crisis de la Sanidad tengamos que pagarla sólo los médicos y sanitarios en general. Ya va siendo hora de que los políticos impliquen a la población en el mejor uso de los recursos disponibles y no sólo esquilmen nuestro bolsillo .
Aquí os presento parte de este artículo y sus conclusiones:
Se entiende por copago la participación del usuario en el coste de un servicio; en este caso, un servicio sanitario. Dicha participación puede tener la forma de franquicia, un montante fijo o un determinado porcentaje del precio del servicio. El debate sobre la conveniencia y la oportunidad de los copagos no es nuevo.
. La novedad es que, impulsado por la crisis económica, el debate ha trascendido los foros y revistas especializados, y ha llegado a la sociedad. Sin embargo, mientras en la sociedad la percepción
generalizada es que el copago «acabará cayendo por su propio peso», los políticos de uno y otro color siguen proclamando, como hace años, que nunca lo implantarán. Falta de olfato, exceso de miedo, o falso paternalismo preelectoral.
Los copagos responden a una tensión entre responsabilidad social (fiscalidad general) y responsabilidad individual (copagos). Es bien conocido que cuando algo está plenamente asegurado, los individuos tendemos a mostrar menos cuidado en conservarlo y cuidarlo. Además, como «ya hemos pagado» y nos cuesta cero en el momento de consumo, tendemos a sobreconsumirlo. Puesto que pagamos cero (aunque su coste, evidentemente, no es cero), lo utilizamos hasta que el beneficio que obtenemos también es cero. Por consiguiente, los seguros sanitarios, tanto públicos como privados, tienen un problema de eficiencia porque incentivan un uso excesivo de la atención sanitaria, entendiendo por «excesivo» todo aquel
consumo cuyo beneficio es inferior a su coste.
El consumo excesivo genera más gasto, lo cual conduce a un incremento de primas, en el caso de los seguros privados, y a la necesidad de más ingresos (impuestos, cotizaciones, tasas, etc.) en el caso de los sistemas públicos.
Por lo tanto, el objetivo de los copagos es triple:
Si no se vinculan al nivel de renta (pudiendo llegar a la exención), la carga del copago acaba siendo mucho mayor, en términos relativos, en el caso de los pobres que en el de los ricos. Si se establecen de manera uniforme, sin tener en cuenta la efectividad del servicio o tratamiento, dejan al paciente la difícil decisión de discriminar entre lo de más valor y lo de menos valor. Si afectan sólo a un tipo de bienes o a un nivel asistencial, se corre el riesgo de que se produzcan desviaciones del consumo hacia aquellos bienes o niveles
no afectados, y el coste termine por ser mayor.
Si no se protege a los pobres y los más enfermos, puede haber un efecto de compensación y llegar a generar más gasto del que se ahorra debido al empeoramiento de la salud de los enfermos más graves . Por eso, el debate sobre el copago no debe plantearse como una disyuntiva extrema entre el sí y el no.
Experiencia internacional
En nueve de los 15 países de la Unión Europea existen copagos para todos los tipos de servicios: visitas médicas, hospitalizaciones, farmacia, atención dental y otros servicios, como urgencias, pruebas
diagnósticas, transporte sanitario, prótesis, etc. De estos nueve países, siete tienen un sistema de salud que responde al modelo de seguridad social (modelo Bismark) y dos son países nórdicos (Finlandia y Suecia) con un sistema nacional de salud tipo Beveridge.
Los sistemas de seguridad social suelen tener un grado de cobertura mayor, estipulada y delimitada explícitamente, con gran nivel de elección y muchos copagos. En los sistemas nacionales de salud del norte de Europa la cobertura suele ser, asimismo, amplia, pero también se pagan más impuestos y hay bastantes copagos, aunque limitados en cuantía y normalmente vinculados al nivel de renta. En ningún país se equipara acceso universal con gratuidad absoluta en el momento de utilizar los servicios. En los sistemas sanitarios del sur de Europa hay menos copagos, pero hay más prestaciones no cubiertas por el sistema público, lo cual da lugar a más gasto privado, vía pagos directos o por la compra de seguros privados suplementarios.
Recomendaciones
En definitiva, recomendaríamos:
1) Modificar el diseño del copago farmacéutico, eliminando la arbitraria distinción entre activos y pensionistas, e incluir los medicamentos hospitalarios de dispensación ambulatoria.
2) Introducir un copago fijo en las visitas y en las urgencias.
3) Introducir tasas por servicios complementarios cubiertos y precios públicos por prestaciones actualmente no cubiertas.
4) Modular los copagos en función de criterios clínicos y de coste efectividad con copagos evitables siempre que sea posible.
5) Implementar mecanismos de protección de los más débiles económicamente y los más enfermos. Esto podría consistir en la fijación de un límite máximo de contribución al trimestre o al
año en función de la renta familiar, con exención total de las rentas más bajas, ya sean procedentes del trabajo o la pensión, y tratamiento especial de los casos de enfermedad crónica o multipatología.
El copago y otras formas de contribución no deben empobrecer, por lo cual el límite debería suponer un porcentaje reducido de la renta familiar
Aquí os presento parte de este artículo y sus conclusiones:
Se entiende por copago la participación del usuario en el coste de un servicio; en este caso, un servicio sanitario. Dicha participación puede tener la forma de franquicia, un montante fijo o un determinado porcentaje del precio del servicio. El debate sobre la conveniencia y la oportunidad de los copagos no es nuevo.
. La novedad es que, impulsado por la crisis económica, el debate ha trascendido los foros y revistas especializados, y ha llegado a la sociedad. Sin embargo, mientras en la sociedad la percepción
generalizada es que el copago «acabará cayendo por su propio peso», los políticos de uno y otro color siguen proclamando, como hace años, que nunca lo implantarán. Falta de olfato, exceso de miedo, o falso paternalismo preelectoral.
Los copagos responden a una tensión entre responsabilidad social (fiscalidad general) y responsabilidad individual (copagos). Es bien conocido que cuando algo está plenamente asegurado, los individuos tendemos a mostrar menos cuidado en conservarlo y cuidarlo. Además, como «ya hemos pagado» y nos cuesta cero en el momento de consumo, tendemos a sobreconsumirlo. Puesto que pagamos cero (aunque su coste, evidentemente, no es cero), lo utilizamos hasta que el beneficio que obtenemos también es cero. Por consiguiente, los seguros sanitarios, tanto públicos como privados, tienen un problema de eficiencia porque incentivan un uso excesivo de la atención sanitaria, entendiendo por «excesivo» todo aquel
consumo cuyo beneficio es inferior a su coste.
El consumo excesivo genera más gasto, lo cual conduce a un incremento de primas, en el caso de los seguros privados, y a la necesidad de más ingresos (impuestos, cotizaciones, tasas, etc.) en el caso de los sistemas públicos.
Por lo tanto, el objetivo de los copagos es triple:
- -moderar el consumo de servicios sanitarios, corresponsabilizando a los ciudadanos;
- - conseguir que los servicios que se dejan de consumir sean los de menos valor para no afectar a la salud;
- - y en ocasiones, servir de fuente adicional de financiación de la sanidad. Mal aplicados, sin embargo, tienen problemas. Si no se establecen límites o techos máximos, pueden constituir un «impuesto» sobre los más enfermos.
Si no se vinculan al nivel de renta (pudiendo llegar a la exención), la carga del copago acaba siendo mucho mayor, en términos relativos, en el caso de los pobres que en el de los ricos. Si se establecen de manera uniforme, sin tener en cuenta la efectividad del servicio o tratamiento, dejan al paciente la difícil decisión de discriminar entre lo de más valor y lo de menos valor. Si afectan sólo a un tipo de bienes o a un nivel asistencial, se corre el riesgo de que se produzcan desviaciones del consumo hacia aquellos bienes o niveles
no afectados, y el coste termine por ser mayor.
Si no se protege a los pobres y los más enfermos, puede haber un efecto de compensación y llegar a generar más gasto del que se ahorra debido al empeoramiento de la salud de los enfermos más graves . Por eso, el debate sobre el copago no debe plantearse como una disyuntiva extrema entre el sí y el no.
Experiencia internacional
En nueve de los 15 países de la Unión Europea existen copagos para todos los tipos de servicios: visitas médicas, hospitalizaciones, farmacia, atención dental y otros servicios, como urgencias, pruebas
diagnósticas, transporte sanitario, prótesis, etc. De estos nueve países, siete tienen un sistema de salud que responde al modelo de seguridad social (modelo Bismark) y dos son países nórdicos (Finlandia y Suecia) con un sistema nacional de salud tipo Beveridge.
Los sistemas de seguridad social suelen tener un grado de cobertura mayor, estipulada y delimitada explícitamente, con gran nivel de elección y muchos copagos. En los sistemas nacionales de salud del norte de Europa la cobertura suele ser, asimismo, amplia, pero también se pagan más impuestos y hay bastantes copagos, aunque limitados en cuantía y normalmente vinculados al nivel de renta. En ningún país se equipara acceso universal con gratuidad absoluta en el momento de utilizar los servicios. En los sistemas sanitarios del sur de Europa hay menos copagos, pero hay más prestaciones no cubiertas por el sistema público, lo cual da lugar a más gasto privado, vía pagos directos o por la compra de seguros privados suplementarios.
Recomendaciones
En definitiva, recomendaríamos:
1) Modificar el diseño del copago farmacéutico, eliminando la arbitraria distinción entre activos y pensionistas, e incluir los medicamentos hospitalarios de dispensación ambulatoria.
2) Introducir un copago fijo en las visitas y en las urgencias.
3) Introducir tasas por servicios complementarios cubiertos y precios públicos por prestaciones actualmente no cubiertas.
4) Modular los copagos en función de criterios clínicos y de coste efectividad con copagos evitables siempre que sea posible.
5) Implementar mecanismos de protección de los más débiles económicamente y los más enfermos. Esto podría consistir en la fijación de un límite máximo de contribución al trimestre o al
año en función de la renta familiar, con exención total de las rentas más bajas, ya sean procedentes del trabajo o la pensión, y tratamiento especial de los casos de enfermedad crónica o multipatología.
El copago y otras formas de contribución no deben empobrecer, por lo cual el límite debería suponer un porcentaje reducido de la renta familiar
martes, 15 de diciembre de 2009
A vueltas con el Copago
Hace pocos días , en el post que aludía a la "vida líquida", me refería a la dificultad de que el copago fuera una fórmula que resolviera los problemas que plantea una sociedad tan cambiante como la nuestra, donde muchos pacientes no son conscientes de lo que vale cualquier consulta a la que acuden y donde obtienen una respuesta parcial ó total a una necesidad sentida como para plantear una demanda asistencial. Por supuesto , son menos sensibles y conocedores de lo que la tecnología utilizada para resolver el problema, impone como costes añadidos. Y eso sin mencionar el coste de los recursos humanos que intervienen en el proceso.Un más que interesante artículo , publicado en la revista Sanitaria 2000 por J. Ramón Repullo, y que recomiendo leer despacio y reflexionando sus argumentos, plantea la dificultad de la implantación del copago además de sus incongruencias en una sociedad como la que vivimos. Y plantea incluso lo contraproducente que resultaría en algunas situaciones. Pone un ejemplo que reproduzco a continuación y que me ha parecido clarificador:
"En una guardería donde los padres llegaban con frecuencia tarde a recoger a sus hijos se decidió imponer una multa económica para inhibir esta conducta; funcionó mal, y no ejerció efecto disuasorio: los padres, que antes acudían culposos al romper el «contrato social tácito» con los cuidadores de sus hijos, ahora «pagaban por su tardanza» y se sentían libres de decidir por sí mismos si llegaban tarde o no. El fallo de la guardería había sido sustituir una norma social por otra mercantil.Lo grave es que cuando se retiró la multa, la conducta de los padres ya no varió, e incluso hubo algo más de retraso.
Conclusión:cuando la norma social choca con una mercantil, aquélla desaparece; cuando se retira la mercantil, no queda norma alguna. Por lo tanto, los efectos no son sólo a corto plazo ".
Que conste que ya he proclamado mi incertidumbre en lo que respecta al copago en nuestro Sistema Sanitario, pero creo que podemos avanzar con buenas reflexiones y ,me parece, que ésta es una de ellas. También lo decía en los comentarios al post de la vida líquida
Yo estoy convencido, de que la vida se abre paso siempre, de una u otra forma, por eso comparto con J.R. Repullo el pensamiento de que si no conseguimos que el Sistema Nacional de Salud sea visto como patrimonio de todos, y como tal sea cuidado y sostenido colectiva e individualmente, es cuando realmente estará en peligro de que desaparezca.
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