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La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

martes, 10 de febrero de 2009

Atardecer.Dedicado a mi paciente Miguel....


Durante los últimos 5 años iba a verle cada viernes, el último de los avisos de la semana lo reservaba para visitarle a él y a su cuidadora, su esposa. Nos saludábamos, reíamos ó a veces me tocaba apelar a su coraje y a sus ganas de vivir cuando se le quitaban esas ganas, a veces compartíamos un poco de queso y unos sorbos de vino para brindar por nuestra amistad y también , porqué no decirlo, para paliar mi hambre, tras siete horas de consulta ininterrumpidas que a veces acababan de hacerme perder las referencias de lo que importa ó lo que no. Por eso mi última visita de la semana a domicilio era para Miguel y su mujer Felipa. Miguel ha estado tetrapléjico estos últimos cinco años, tras ser intervenido de un ependimoma a nivel de la tercera cervical cuya intervención fué , según el neurocirujano que le operó ,un éxito. La realidad fué que Miguel desde entonces dependía de Felipa para comer , asearse, vestirse ó que le limpiaran los mocos ó las lágrimas. Todos los días , al despertar, necesitaba que le cambiaran el pañal y le curasen las múltiples úlceras de todos los tamaños que tenía a pesar del colchón antiescaras y los cuidados y los mimos que hemos intentado prodigarle todos los que hemos intentado cuidarle durante su enfermedad. Después y con ayuda de una grúa le trasladaban a su silla de ruedas, tras cambiarle la bolsa colectora de orina de la noche, y allí en el comedor, frente a la ventana veía a la gente que paseaba por la calle, gente que pasea sin darse cuenta de que el poder levantarse cada día , no depender de nadie para asearte , vestirte, desayunar........y tantas otras cosas cotidianas, aquello por lo que él y Felipa hubieran dado la mitad de los que les quedase de vida, es algo con lo que ya podemos sentirnos afortunados y sin embargo nos afligimos y enfadamos por nimiedades muchos momentos y muchos días.

Muchas veces hablamos de su vida pasada, en el campo entre la tierra y el ganado, trabajando sin descanso para sacar a su familia adelante como la gente cabal de nuestra tierra, y esbozaba una sonrisa. A pesar de todas sus limitaciones ,Miguel sonreía a menudo y me enseñaba a ver planicie donde yo veía cumbres insalvables. Por eso le reservaba la última visita de la semana, para reponer mis pilas que creía agotadas, para valorar lo importante por encima de lo superfluo, para recobrar la importancia de las miradas, de los silencios...... Como decía Clemenceau: "manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra" y a veces en nuestros encuentros había algunas palabras para evitar muchos silencios, pero intentábamos terminar con una sonrisa , con un chiste ó un chascarrillo que hiciera algo más llevadero su lento padecer.


Hemos pasado tantas horas juntos a lo largo de estos años , que hemos compartido risas y alguna lágrima que yo procuraba ocultar, pero en nuestros encuentros ha habido muchos más momentos alegres , porque como dice el viejo proverbio "la mitad de la alegría consiste en hablar de ella" y eso intentábamos hacer. Por eso también era uno de mis pacientes predilectos, por las muchas emociones compartidas que creo nos insuflaban vida a ambos. Felipa , un ejemplo de abnegación y entrega. Durante unos de sus ingresos en el hospital, estuvo junto a él durante 35 noches seguidas , sin querer descansar ni una noche lejos de su marido. Por eso yo comprendía bién sus quejas de vez en cuando, si la tos de Miguel le impedía dormir, porque al día siguiente le esperaba todo un día de trabajo y dedicación a todas las necesidades de su esposo.

Hace 5 días tuve que enviarle de nuevo al hospital por una insuficiencia cardiorespiratoria. Confiábamos en que se recuperaría, como otras veces. Tenía ilusión y temor a la vez porque ya le habían asignado plaza en una residencia de asistidos, tras muchos meses de espera y se incorporaba esta semana. A menudo me preguntaba si iría a verle , a lo que yo , por supuesto, asentía. Le dije que le iban a cuidar de maravilla y que también Felipa podría descansar un poco de tanta carga y que cuando fuera a visistarle me tendría que contar cómo era la vida allí dentro... Pero ya no podrá ser. Mi amigo , mi paciente Miguel , "con quién tanto quería", murió la madrugada del domingo. Siento que haya sido en un hospital pero eso ya no importa, él pensaba que iba a volver....... y yo que iría a verlo.

"Aceptemos las estaciones sobre nuestro corazón, como las aceptamos sobre nuestros campos" (R Tagore)


2 comentarios:

Rosanlo dijo...

Me siento muy identificado con vosotros: Profesional y matrimonio.Yo tb trabajo en At. Primaria y pienso que la "calidad" de la vida la construye la dignidad que le demos y la hacen las personas (la hacemos). No importa cómo "estemos" sino qué "somos" o cómo "somos". Y detrás de cada vida, hay un ser, espejo de aquél otro Ser, que merece toda nuestra abnegación. Un abrazo.

Sophie dijo...

Los médicos de cabecera tenéis un trato mucho más estrecho y directo con los pacientes que los especialistas de hospital. Para eso hay que tener mucho don de gente, ser empáticos sin dejar que afecten demasiado los problemas del paciente, etc. Es algo admirable, la verdad. La calidad de vida y la buena asistencia sanitaria no son sólo dar unas cuantas recetas...