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La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

jueves, 8 de julio de 2010

La Caña de Bambú. Cuento indio


-Me gusta leer el blog Carreteras Secundarias, porque en él se hace notar una y otra vez lo efímero de la vida y la futilidad que supone acumular riquezas estúpidamente sin dedicarse a lo verdaderamente importante, que es ayudar a los demás, y tener sentimiento de pertenencia a la manada ,como decía nuestro recordado Carlos Cristos en "Las alas de la vida". En nuestro trabajo convivimos cada día con la muerte y sus aledaños y comprendemos mejor que otros el significado de este cuento de la India:

Existía un próspero reino en el norte de la India. Su monarca había alcanzado ya una edad avanzada. Un día hizo llamar a un sabio que vivía dedicado a la meditación profunda en el bosque y dijo:
Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer: Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, deberás entregarle esta caña. Aunque no reconozca otro rey que mi verdadero yo interior, señor, habré de hacer lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida.
El sabio cogió la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, llegando sus pies a todos los caminos de la India. Recorrió muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Transcurrieron algunos meses y volvió hasta el palacio del rey. Tuvo noticias de que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al sabio que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El sabio se aproximó al lecho del moribundo.Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba:¡Qué desafortunado soy, qué desafortunado! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!
El sabio entregó la caña de bambú al rey.

1 comentario:

Violeta dijo...

Una gran lección.
Gracias una vez más por tenernos presentes.
La admiración y la querencia es mutua, ya lo sabes.
Besos mil