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La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

viernes, 26 de febrero de 2010

Aprender a pensar

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nóbel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:


"Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado a un problema de física, pese a que el muchacho afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir el arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.


Leí la pregunta del examen y decía: ¿Cómo mediría la altura de un edificio con un barómetro?:


El estudiante había respondido:Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.El estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio porque había respondido a la pregunta correctamente.


Pero, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera a la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.


Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.


En el minuto que le quedaba, escribió la siguiente respuesta:Tomo el barómetro y lo dejo caer a la calle desde la azotea del edificio. Mido el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplico la formula de la caída libre y así obtengo la altura del edificio.En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta y lo despidió.Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.-Bueno -respondió, -hay muchas respuestas. Por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides su altura y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos fácilmente la altura del edificio.- Perfecto - le dije, - ¿y hay otra solución?- Si, - contestó - éste es un procedimiento muy elemental para medir un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro en la pared y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.Es un método muy directo, por supuesto.


Si lo que se quiere es un procedimiento más sofisticado, se puede atar el barómetro a una cuerda para descolgarlo desde la azotea hasta la calle y se mueve como si fuera un péndulo. Así se puede calcular la altura midiendo su período de oscilación.


En fin, concluyó, existen otras muchas maneras pero, probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa de la portera. Cuando abra, decirle: "Señora portera, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo".En ese momento de la conversación, pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema: la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos.- Ciertamente la conozco, pero durante mis estudios, los profesores han intentado enseñarme a pensar.



El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nóbel de física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones orbitando a su alrededor. Fue un innovador de la teoría cuántica.


Pero, al márgen del personaje, lo esencial de esta anécdota es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.Aprendamos a pensar: un problema generalmente tiene una sóla respuesta pero hay mil formas de llegar a ella, lo auténticamente genial es elegir la solución más práctica y rápida de forma que podamos acabar con el problema de raíz... y dedicarnos a otras cosas

6 comentarios:

Oidun dijo...

Esto pasa en la universidad actual y a Bohr le cascan un cero importante xD

Es más como de una respuesta correcta que no venga en el powerpoint de turno... se puede ir despidiendo xD

rayajo dijo...

Totalmente de acuerdo. Esto es desde que la universidad es otra empresa más, otro negocio, y todas las personas, un rebaño de borregos adormilados. Si destaca uno por listo, lo linchamos...

Antonio R. dijo...

Ya sabeis la anécdota en la que el Rector del Claustro de la Complutense le dijo al impresentable Fernando VII, cuando éste subió al trono: " "Majestad , lejos de nosotros la Funesta manía de pensar... ". Y eso que era el Rector.

Mar dijo...

me encanta esta historia xD

Lupita dijo...

sorprendente caray, me gustó la anecdota que aqui fue compartida.

xlpharmacy reviews dijo...

Increible anecdota, sin duda alguna este Bohr era un increible pensador.