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La Utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
.
(Ventana sobre la Utopia. Eduardo Galeano.

CREO EN LA UTOPIA PORQUE LA REALIDAD ME PARECE IMPOSIBLE

domingo, 25 de mayo de 2008

DONACIONES Y DONATIVOS.

Espero que las reflexiones que voy a abordar aquí suenen familiares a todo el que las lea, y no sea yo un “bicho raro” necesitado de algún psicoanalista llegado de la pampa.
Siempre que ocurre una catástrofe natural, y la prensa se llena de noticias desgraciadas ( miles de muertos, desaparecidos, gente sin hogar ), me da el punto de querer calmar mi complejo de culpa ( ¿ culpa de qué ? ) , transfiriendo unos cuantos euros a alguna organización, ONG o similar. No tengo claro su destino, ni siquiera sé si no caerá en manos de algún dictador desaprensivo y cruel, o si se utilizará en la compra de algún “cachibache” electrónico, o armas, en lugar de en pan, alimentos o ropas o medicinas ( para llenar otra vez y por otra vía, el inmenso y largo tentáculo de la industria farmacéutica ). Deshojo la margarita mentalmente, “lohago-nolohago” ( “transfieroeldinero-nolotransfiero” ). Ya doy bastante todos los días, pienso, luchando y entregándome en mi trabajo diario en la consulta, doy más de lo que puedo en esfuerzo y en especias, ya contribuyo bastante al intento de mejorar este mundo, renunciando a placeres y bienes materiales, extraidos en forma de guardias, maldormires y otras penosidades. Si catástrofes hay todos los días y tú no vas a conseguir cambiar nada, y guerras y muchas injusticias. Habla la conciencia de nuevo, recordándome las comilonas de los laboratorios, los hoteles de lujo en algunos congresos ( aunque no hayan sido muchos ), privilegios miles de los que disfruto frecuentemente y me siento culpable de estar entre los pocos afortunados de la tierra que lo hacen; el otro, es “el canto de la inmensa mayoría” –que diría Blas de Otero-, miseria y pobreza, injusticia y dolor. Y, además, puedes utilizarlo ante tus hijas como ejemplo de buena educación.
Empate a uno, sigo sin descifrar la solución. Habla mi yo alegando que para qué van a servir 50 euros ( o 100, no seas rácano ), que lo hagan los gobiernos, o la ONU, o la madre que lo parió, que si mañana se repite la catástrofe ( y así ha sido, primero Birmania, después China ) ¿qué?, vas a estar dando todas las semanas 50 euros ( o 100, no seas rácano again ). No se trata de la cantidad de dinero, habla mi conciencia, se trata del detalle, seguir sintiéndote solidario, mantener el espíritu joven y generoso que te alimentó hace ya muchos años, seguir creyendo en la Utopía ( aquélla de D.Pedro Casaldáliga, el obispo de la Teología de la Liberación allá en el Matogroso brasileño ). Sí, para detalles estoy yo, me digo, que muchas veces me tienta reciclar “pichigüilis” de los laboratorios para ahorrarme regalos de compromiso. Hace mi yo, deshace mi conciencia. Rebotan en mi mente síes y noes, entretanto voy accediendo, a golpe de ratón, a los datos de mi cuenta corriente, mientras miro de reojo los números bancarios del “pasquín” que me ha llegado de Médicos del Mundo ( o de Médicus Mundi, que nunca he sabido si son lo mismo ). Sólo queda un clic de ratón y ya está….Al fin lo hago, vence la conciencia y transfiero el dinero ( no diré cuánto, pero poco, supongo ). Tras finalizar la operación bancaria, unos segundos de satisfacción y de nuevo el “yo” me maldice por volver a ser “blando”, incoherente, poco racional. Hasta la próxima catástrofe mediatizada por la prensa….
jm.

2 comentarios:

José Luis Contreras Muñoz dijo...

Prefiero la solidaridad directa y real.

Anónimo dijo...

Nuestro pequeño granito de arena para aquellas ¨catastrofes ¨del día a día, tenemos una posición privilegiada para ayudar a veces como amigos, o casi como curas desde el sillón de las consulta o al lado de la cama de un enfermo terminal, o con el hijo de aquel.... No sé quien decía que el grado supremo de la medicina es el amor, y sin él nadie puede ser llamado médico. Espero que esto siga siendo lo que dirija mi labor.